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¿Es peligroso endulzar sin azúcar? #Opinión



Martín Vásquez Villanueva


Una información filtrada la semana pasada causó revuelo en las industrias del refresco y las golosinas. Lo que trascendió en medios internacionales fue que a mediados de julio el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, colocará al edulcorante sintético aspartamo en la lista de los compuestos “posiblemente cancerígenos para los seres humanos”.


Los edulcorantes sintéticos son un grupo de compuestos diseñados para dar un sabor dulce a las bebidas y los alimentos sin las calorías que acompañan al azúcar y por eso los productos que los llevan son considerados “dietéticos”. El aspartamo fue descubierto en 1965 y actualmente su dulzor, que es 200 veces más intenso que el del azúcar, se utiliza en multitud de productos comerciales, además de distribuirse en polvo para endulzar el té o el café y confeccionar postres. Como es el caso con todos los agentes químicos incorporados a los alimentos, la seguridad del aspartamo lleva décadas siendo exhaustivamente estudiada y, aunque a veces de manera controvertida, siempre se le había dado luz verde. Hasta ahora, al parecer.


El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer es famoso por su clasificación de los agentes químicos, físicos o biológicos capaces de provocar cáncer. Establece cuatro categorías. El Grupo 1 es el de los agentes “carcinogénicos para el ser humano”, para los cuales hay suficientes evidencias científicas de que ese es el caso. En el Grupo 2A están los agentes “probablemente carcinogénicos”, para los cuales la evidencia en seres humanos es limitada, pero suficiente en animales de laboratorio. El Grupo 2B, que es en el que presuntamente estará el aspartamo, es el de los agentes “posiblemente carcinogénicos”, donde la evidencia científica es tal vez limitada en los seres humanos e insuficiente en los animales de laboratorio, pero bastante para albergar una sospecha. En el Grupo 3 se incluyen los agentes a los que no se les ha podido demostrar un potencial carcinogénico.


Lo cierto es que las agencias reguladoras nos protegen como consumidores y debemos atender sus indicaciones. Si una agencia internacional, con sus procedimientos rigurosos de análisis y revisión, nos dice que hay evidencias científicas de que una sustancia puede provocar cáncer, ¿cómo no hacerle caso? Aunque también, por otro lado, hay que comprender que es difícil generar evidencias científicas contundentes y que éstas además tardan mucho en acumularse, por lo que hay que tomar lo que se dice con mucho cuidado.

Es interesante el caso de la sacarina, uno de los edulcorantes sintéticos más antiguos, descubierto en 1879. Cien años más tarde, en la década de 1970, varios grupos de investigación reportaron que altas dosis de sacarina provocaban cáncer en la vejiga de ratas de laboratorio. Aunque después se comprobó que ese cáncer obedecía a los efectos de las altas dosis sobre la orina y no a la molécula de sacarina directamente, y menos aún a las dosis bajas que se usan para endulzar, los reportes originales afectaron grandemente su comercialización, llegando incluso a prohibirse en algunos países, como Canadá.


Actualmente, con nuevos análisis y nuevas evidencias, la sacarina goza de cabal salud en el mercado y lo mismo ocurre con el café, que fue colocado como “posiblemente carcinogénico” (Grupo 2B) a principios de la década de 1990 y ahora tiene gran prestigio como protector del sistema cardiovascular.


Al margen de toda esta discusión sobre el aspartame, en la cual todavía queda mucho por decirse, vale la pena detenerse un momento para reflexionar sobre el uso de los edulcorantes sintéticos, tan presentes en nuestra vida cotidiana. Para empezar, los productos que llaman “dietéticos” nada más porque tienen uno de estos edulcorantes, no necesariamente lo son y hay que estar atentos a lo que el producto mismo aporta en calorías, independientemente de lo que se utilizó para endulzarlo. En segundo lugar, también ha quedado claro que los edulcorantes sintéticos no son una solución a largo plazo para bajar de peso y que incluso pueden aumentar las probabilidades de aquirir diabetes tipo 2. La conclusión es que tanto para la persona que batalla con su sobrepeso o con su obesidad como para la que necesita controlar su diabetes, endulzar sin azúcar puede resultar peligroso, aunque todavía no lo sepamos con certeza, y que el mejor camino será siempre la dieta sana, limitando los azúcares añadidos, y el ejercicio físico. ¡Que viva Oaxaca!