La oportunidad que nos da la COVID-19, organizar un futuro más igualitario


La pandemia derivada por la COVID-19 es una posibilidad para crear un futuro igualitario y en el que se combatan las carencias sociales de forma permanente.


Oaxaca de Juárez, Oax. Diciembre de 2021. Aunque los esfuerzos a nivel mundial para mitigar los efectos por la COVID-19 en el mundo todavía no han rendido frutos, estamos ante la gran oportunidad de generar entornos con mayores oportunidades y que promuevan el combate a las distintas brechas de desigualdad que existen en el mundo, mismas que hoy han quedado expuestas.


En un primer momento, los países con mercados y economías en desarrollo han mostrado lentitud en la toma de decisiones como respuesta a emergencias globales; por tanto, la “soluciones” que han tomado, sólo han pugnado por atender el presente inmediato, dejando para después lo que sucedería más allá del cierre de año.


La capacidad de reacción con la que cuentan las naciones para determinar acciones, habla de lo dispuestos que están para tomar riesgos y la capacidad de cambio de los mecanismos institucionales con los que cuentan; sin embargo, el bienestar de las familias es el que sufrirá las consecuencias en el largo plazo.


Lo anterior ha generado que exista un consenso generalizado en el tipo de estrategias que se tienen que llevar a cabo en el corto, mediano y largo plazo; para, así, construir un futuro en donde la reducción de la brecha de desigualdad social sea una causa común y se atiendan las necesidades primordiales.


Dentro de las 3 principales vertientes que se tendrían que estar trabajando para atender el presente y el futuro, podremos encontrar:

1.- La protección del ingreso

2.- Protección de la seguridad alimentaria y nutricional

3.- Acceso garantizado a la vivienda y a los servicios básicos


Dentro de las organizaciones que coinciden en la adopción de este tipo de políticas se encuentran, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización Internacional del trabajo (OIT); por nombrar a las principales.


La protección del ingreso

No se necesita ser economista para saber que para poder ejercer derechos se necesita de un ingreso básico, lo cual en emergencias globales como la COVID-19 se ha vuelto primordial. Esta protección del ingreso se tiene que realizar privilegiando a las familias que se encuentren en situación de pobreza y pobreza extrema, debido a que, aunque logren salir de esta situación, si su ingreso no es protegido corren el peligro de retornar y enfrentarse a la vulnerabilidad socioeconómica.


Protección de la seguridad alimentaria y nutricional

De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), la forma más eficiente de responder durante una emergencia para la protección de la seguridad alimentaria se realiza a través de canastas o transferencia de alimentos, para cuidar lo que las familias consumen. Sin embargo, con el avance del tiempo y el retiro de este tipo de apoyos, se corre el riesgo de adquirir productos alimentarios que no son benéficos para el cuerpo.


Ante esta problemática, se invita a generar programas y acciones que subsidien o protejan el alza de precios, de esta forma se garantiza que quienes menos tienen cuenten con una alimentación balanceada.


Acceso garantizado a la vivienda y a los servicios básicos

En el ámbito de la vivienda, es de vital importancia que se promuevan políticas de ordenamiento y de promoción de la vivienda digna, para la creación de entornos seguros; de esta manera, el impulso social a pesar de las adversidades sería patente.


Ante las limitaciones claras en cuestión económica, el combate del hacinamiento y la falta de acceso a viviendas dignas deben ser los principales objetivos que se tienen que perseguir, a través de programas que acerquen materiales y servicios que toda vivienda digna necesita, como piso firme o almacenamiento de agua.


El reto es multidimensional, pero el trabajo en equipo lo hará realidad

Si bien es cierto que lo citado en este texto pareciera una especie de “fórmula mágica” para emprender la batalla en contra de las desigualdades, esto no es más que la suma de recomendaciones que se han planteado desde diversas esferas de elaboración de políticas públicas en el mundo.


En la práctica desde lo local, gobiernos, organizaciones y sociedad civil en general necesitamos organizarnos para empezar a plantear soluciones a las carencias sociales que afectan a nuestros contextos.


Entendiendo que la solución a esta problemática se encuentra dando el primer paso,

Congregación Mariana Trinitaria, alrededor de sus casi 25 años de labor, ha emprendido acciones a través de su Ecosistema de Bienestar, para promover el impulso de la mejora de la calidad de vida de las familias que más lo necesitan.


En ese trayecto se ha enfatizado la labor realizada en el impulso de la vivienda a través de la Cadena de Vivienda, además del trabajo arduo realizado en la protección alimentaria, a través de las soluciones integrales disponibles en la Cadena de Alimentación.