La revolución vendida <Opinión>


Texto: Rodrigo Yepez


“La peor lucha es la que no se hace” - Karl Marx En 2006, Oaxaca atravesó una de sus etapas más críticas en el ámbito social, pues el levantamiento popular contra la represión gubernamental tuvo múltiples manifestaciones en todos los sectores, siendo el artístico aquél que consolidó los lenguajes de muchos crews y colectivos, de esta manera, nacieron imágenes trascendentales como el Benito Juárez con peinado punk o la Virgen de las Barricadas.


Las manifestaciones revolucionarias traían consigo la premisa de traer el arte a las calles y el uso del lenguaje popular, razón por la que la figuración tuvo un importante papel, asimismo medios como el stencil, la serigrafía y la pintura en aerosol se volvieron la herramienta predilecta para la reproducción de los mensajes visuales, es decir, el arte urbano.

Mucho se dijo al respecto en su momento, un ejemplo de ello son los escritos que el maestro Arnulfo Aquino ha realizado en los últimos años y que son un invaluable acervo para la investigación académica.


Pero hoy, a 11 años de estos acontecimientos, colectivos como ASARO siguen en el mismo discurso “revolucionario y antimperialista” mientras cobran en dólares o venden al turismo extranjero.

¿Es malo eso? Por supuesto que no, a final de cuentas todo artista y profesional del área creativa debería poder vivir dignamente de su obra y no abandonar su producción por verse obligado a ejercer otras labores ajenas a su vocación, sin embargo, se necesita congruencia.

El discurso revolucionario ha pasado de ser la esperanza de una insurrección para convertirse en souvenir, y esto público querido, ocasiona un fenómeno similar al de la “escuela de pintura oaxaqueña”, la autoparodia, la falta de profundidad intelectual y un pésimo manejo de las técnicas. No es un secreto que muchos de estos autores hacen uso de ciertos recursos para la creación de sus grabados, uno de ellos es el proyector para trazar a gran formato (que insisto, un recurso no debe ser satanizado, ya que el mismo Leonardo Da Vinci hacía sus apuntes de óptica y el uso de la cámara oscura fue uno de los grandes legados del arte occidental); el problema es que si se economiza tiempo en ciertas labores como lo es el encaje y proporción del dibujo, el resultado debería ser bueno, y no lo es.

Estos artistas de tendencia izquierdista aprovechan las marchas y bloqueos para intervenir las calles del centro histórico, haciendo evidente su falta de dominio en el dibujo, las proporciones y nociones básicas de anatomía, recurren a una yuxtaposición de elementos mal hecha en la que ni siquiera se logran nociones de profundidad.

Grabados impresos en papel revolución y posteriormente pegados con engrudo y diversos sténciles son los medios predilectos por estos autores: a quién le importa hacer una buen gráfica, total que mientras más grande, mejor.


Estas manifestaciones cada vez son más anquilosadas, se vuelven rancias en su propia receta de cocina, el arte urbano mal hecho trata de parecer socialmente comprometido por el simple hecho de tener una estrella roja, o una hoz con un martillo, se dicen antisistema y piden que muera el mal gobierno, pero no pierden la oportunidad de solicitar recursos públicos para seguir operando. Un ejemplo muy claro sucedió años atrás cuando cierto colectivo bloqueó las instalaciones de SECULTA debido a la falta de pagos, ¿antisistemas de qué?

Hay muchísimos mejores artistas urbanos que están desarrollando obra desde la autogestión, con excelentes resultados técnicos y conceptuales debido a que han sabido defender lo más importante: su libertad creativa; y es que, tratar de institucionalizar algo tan público y autónomo como lo es el arte urbano y el graffiti es arbitrario, institucionalizar el arte urbano viene siendo lo mismo que tratar de encerrar a un tigre en un zoológico, lo despoja de su esencia trasgresora.

Necesitamos autogestión, libre mercado y poca intervención estatal.


Muerte al mal gobierno, y al bueno también.


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